¿Tienes alguna duda?
Acoso

Nos miran. Nos calibran. Se siente la presión. Nada tiene que ver con que seamos más lo que sea: jóvenes, voluptuosas, cuchitas, operadas, morenas o medio rubias, altas, bajitas, mal encaradas o caribonitas. Para todas hay miradas penetrantes y comentarios incómodos. La vulgaridad no tiene criterio y a muchas nos ha tocado soportar, literalmente, cuando se le va la mano.

Un domingo subí al alto de Patios al trote. Para muchos ciclistas y corredores de Bogotá es una ruta casi obligada en la preparación para cualquier prueba, en especial camino a una maratón. Son seis kilómetros angostos para los ciclistas y a veces muy estrechos para los corredores. A la bajada, también al trote sobre la inexistente berma, rozando el borde de la vía, no alcancé a sentir que una moto se acercaba.

Lo que sí capté de inmediato fue el puño que el conductor me dio. Me empujó hacia adelante al zamparme los nudillos en pleno glúteo medio. Un levanta-cola de verdad que todavía no entiendo por qué no me tumbó ni cómo hice para no enredar el paso. Yo no lo podía creer: al motociclista, a su velocidad crucero, le pareció sabroso darme el puño o tal vez consideró que la vía era suya y yo no tenía por qué correr ahí. Tome pa’que lleve: tuve los nudillos pintados en la nalga como por tres meses y un inmenso morado que todavía hoy no logro explicarme.

Otro día iba corriendo por la NQS con calle 92, por el andén que comparte el espacio con una cicloruta. Un ciclista me metió mano, sin darme tiempo a reaccionar. Ahí, sorprendida y enfurecida no tuve mejor idea que llamar a mi papá a contarle lo que me había pasado. El pobre no sabía qué decirme en medio de su rabia y desconcierto. Yo me desahogué y seguí mi camino. No estaba dispuesta a perder esa mañana de trote por culpa de nadie.

Muchas veces trotando con amigas por la autopista recibimos piropos de los camioneros que pasan de largo. Sin palabra alguna, solo con dos toques en la bocina del camión. Suenan graciosos, o al menos así los interpretábamos y por eso los cumplidos sonoros nos los repartíamos a lo largo del trote para que ninguna regresara a casa sin un piropo. ¿Sí serían cumplidos? ¿Se vale recibirlos? ¿Es hacerles el juego?

Pero en otras, tal vez en la mayoría, no es galantería. Y esa sensación de vulnerabilidad, de ser presas potenciales de los hombres que se sienten dueños la calle, del andén y de nuestros cuerpos que atraviesan con la mirada, resulta intimidante. Para la mayoría de mujeres, además de la rabia al ser tocadas, el simple golpe de ojo al pecho resulta intimidante, saca la piedra y a muchas las espanta del running. Yo troto la mayoría de las veces sola, la verdad es que no me da miedo, pero comprendo perfectamente que a muchas mujeres la sola idea de enfrentar la calle en pinta de corredora las aterra.

He buscado artículos, he revisado mis libros para corredoras, he navegado buscando solución a un tema que sé que mortifica a muchas. He hablado con amigas de pecho grande para preguntarles qué hacen para evitar las miradas, esa cosa morbosa y asquerosa que mortifica. Y sé que la respuesta es como vender el sofá, no soluciona el asunto de la cultura acosadora que aún padecemos.

Aquí está: comprar brasieres de running ajustados y de soporte firme para reducir el movimiento, cosa que además es una protección para los senos. Usar dos sujetadores si es necesario: el normalito y encima el deportivo diseñado para atenuar el alto impacto que conlleva correr. No andar muy desarropadas, con camisetas abiertas por todos lados o con escotes profundos (además para evitar insoladas que acaban la frágil piel de la zona). Y sí, camisetas sueltas que contribuyan al bajo perfil, no correr con audífonos ni de noche, avisar siempre a alguien por dónde van a correr.

¿Es una respuesta tonta? Sí, pero mientras nuestros hijos crecen y los educamos de otra manera, parece ser la vía más práctica. Claro, salir a correr en grupo, con otras dos o tres mujeres, es mejor. Que no debería ser así, ciertísimo. Pero lo es.

Finalmente encontré información sobre el acoso callejero, iniciativas para denunciarlo, para influir en el comportamiento de los hombres, en especial, que agreden a las mujeres y a personas LBGTI. En estos artículos hay datos y ejemplos que nos pueden inspirar para lanzar una campaña similar en Colombia. Muchas de esas iniciativas en Estados Unidos fueron impulsadas precisamente por corredoras. Y cada vez más el mundo da pasos hacia la calificación del acoso callejero como acoso sexual, como lo acaba de hacer Francia. Hay que apurar el paso, salir a correr y a denunciar para lograr esa misma meta acá.


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BLOGUERA
SOY ADRY GÓMEZ

Mi viaje lo disfruto desde mis pasiones. El diseño, la moda, correr, inspirar, amar, crear, equivocarme, soñar. Valorar lo que soy desde mi diferencia para entender y dar sentido a otros desde la creación de una prenda hasta una marca. Mi vida es una carrera en la que soy libre, enérgica, ligera, en la que me conecto con mi ser y fluyo cómo mi sangre y con ella mi creatividad y mis sueños. Y con los latidos de mi corazón doy vida a nuevas marcas para que juntos lleguemos a la meta. Amo crear y amo correr!!

BLOGUERA
SOY POLY MARTÍNEZ

Tengo ya los suficientes kilómetros en los pies para decir que correr es, ante todo, meditación en movimiento. Soy una corredora común y corriente, periodista y madre de dos. Con los tenis puestos, he logrado llegar a lugares increíbles, conocer ciudades y conquistar montañas. De paso, me ha ayudado a trazar mi propio camino en la vida. Entrenar es lo mío, compartir lo que sé del running y acompañar a otr@s a descubir las delicias de correr. Una maratón al año no hace daño, es mi lema. Mientras tanto, bienvenidas todas las 21k, 15k y 10k posibles.

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