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¿Paro o sigo?

Mientras ceno sola en el restaurante de un hotel de aeropuerto -que más sola que la soledad en un aeropuerto no hay-, me pongo al día con Facebook, que quedó colgado horas y kilómetros atrás, con lo que asumo se llama jet lag digital.

En el muro me asalta el mensaje de un amigo. Leo una explicación que me deja pensando: cuanta que no terminó la Media Maratón de las Flores, en Medellín; que se retiró a mitad de camino. No da los motivos pero por alguna razón siento que está disculpándose. El tipo es iron man, en todas las fotos aparece metidito en trajes de Lycra, se le nota el título, le luce, pa’qué. Y 21k no le deben costar tanto.

Pero no puedo dejar de pensar en lo absurdo que suena. Y pienso a la vez en todas las mujeres que participaron, o no lo lograron, en la Carrera de la Mujer.

Me cae como una carga dura esa pública confesión del triatleta que no lo logró. Me debato entre si una persona se debe disculpar por no terminar de correr 21k, o si debe ser arropado como algo más íntimo, como cuando uno se da cuenta que no puede más, que le pudo una mala situación, que está agotado y listo a tirar la toalla. Impacta porque vengo de correr, como muchas de ustedes, y voy camino a una maratón.

Me he dejado entrenar bajo el principio de que uno termina la carrera porque la termina. Eso de no cruzar la meta no está en el horizonte; las he cruzado muchas veces y tras el cansancio o el dolor físico, pasar la meta es traspasar el umbral a la satisfacción, a la emoción. Atrás quedan los kilómetros y el presente se reduce a un sentimiento poderoso de logro, de que lo hice y me felicito en silencio.

Pero me sigo preguntando, y les paso la pregunta a ustedes, si vale la pena meterle tanta presión a una meta de 10k o 21k o a la maratón completa; si la vida no nos mantiene corriendo tras metas, definiendo puntos de llegada, procurando zonas de hidratación vital. Todas tenemos que batallar como locas todos los días.

Entonces, ¿y qué si no termino una 10k? ¿Qué si en vez de mejor mi tiempo, lo dejo pasar de largo y me quedo relegada?

Por tantas caras felices que vi, por la buena energía pienso que a todas les fue muy bien en los 10k o 5k de la pasada Carrera de la Mujer. Que las primerizas o las que repitieron y mejoraron su tiempo atesoran esa meta como una preciosa joya personal, como un carbón que pulieron durante los días de entreno y les entregó un poderoso diamante. Tienen ese logro atesorado.

Pero muchas tal vez se asustaron, se cansaron o lesionaron, soltaron el buen paso, bolearon la toalla lejos y no pasaron esa meta o lo hicieron a medias, sin echarlo todo por delante. Y tal vez se juzgan en silencio, se cuestionan una y cien veces qué fue lo que me pasó, yo no estoy para estas cosas, corro mal, no puedo, y una cantidad de juicios tremendos que nos hacemos en este tipo de corre corre de la vida y en otros.

¿Y qué si no terminan? ¿Y qué si el cansancio de lidiar con la casa, el trabajo, los afectos, los proyectos y la lucha cotidiana las desvió del camino? ¿Quién dijo que tiene que ser recto? Si la vida es una, carreras de 10k o maratones hay miles.

Lo bueno es que uno se pone los tenis de nuevo, levanta la cabeza y regresa a entrenar temprano, se inscribe en la que siga, que puede ser Unicef o New Balance o la que sea. Así vuelve a parecer como nueva y maravillosa esa meta que hace pocos días lucía como un muro infranqueable.

El papa dijo que las personas no se deben dejar robar la alegría, sean jóvenes o viejos. Sin ser ninguna autoridad ni sacerdotisa de la autoayuda, yo les digo que no se dejen robar el tiempo que es de ustedes, las metas que se tracen, así no logren pasarlas todas, que ya bastantes tienen con las que las circunstancias u otros imponen y tenemos que sortear.

Correr una maratón, como le digo a mi hermana primeriza, es correr la vida, porque en esos 42 km y 195 metros (o en los 21 k o el los 10k o 5k) estamos todos los de siempre, pero con diferentes rostros: pasan unos más veloces, a otros los sobrepasamos; se ven todo tipo de cuerpos, colores, tamaños, edades, pesos, la variedad inmensa e irrepetible de cada ser humano que está allí, pero todos igualados por el sudor y el muy personal esfuerzo.

Una carrera es una metáfora de como estamos aprovechando el tiempo, de la compañía que tenemos entre miles de desconocidos, de que inclusive para retirarse hay que dar un paso adelante o muchos pasos al lado y con determinación, pero no significa que el viaje termine.

¿Cómo mantenernos en la ruta, animadas, dispuestas a seguir así no tengamos una carrera a la vista? Esa es la pregunta. La respuesta la tiene cada cual.

Espero leer sus respuestas en el muro de Facebook de la @Carreramujercol.

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BLOGUERA
SOY ADRY GÓMEZ

Mi viaje lo disfruto desde mis pasiones. El diseño, la moda, correr, inspirar, amar, crear, equivocarme, soñar. Valorar lo que soy desde mi diferencia para entender y dar sentido a otros desde la creación de una prenda hasta una marca. Mi vida es una carrera en la que soy libre, enérgica, ligera, en la que me conecto con mi ser y fluyo cómo mi sangre y con ella mi creatividad y mis sueños. Y con los latidos de mi corazón doy vida a nuevas marcas para que juntos lleguemos a la meta. Amo crear y amo correr!!

BLOGUERA
SOY POLY MARTÍNEZ

Tengo ya los suficientes kilómetros en los pies para decir que correr es, ante todo, meditación en movimiento. Soy una corredora común y corriente, periodista y madre de dos. Con los tenis puestos, he logrado llegar a lugares increíbles, conocer ciudades y conquistar montañas. De paso, me ha ayudado a trazar mi propio camino en la vida. Entrenar es lo mío, compartir lo que sé del running y acompañar a otr@s a descubir las delicias de correr. Una maratón al año no hace daño, es mi lema. Mientras tanto, bienvenidas todas las 21k, 15k y 10k posibles.

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