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CORRER COMO NIÑAS

Les iba a escribir sobre las ventajas y las harteras de correr sobre la trotadora, pero preferí bajarme de ese tema para tratar uno que a todas nos pasa al lado o nos toca, que es absolutamente clave y espero sea un motivo de reflexión en esta semana del 8 de marzo, significativa para todas las mujeres del mundo.

El cambio de ruta surgió por un video que me enviaron y que narra bien lo que muchas veces les pasa a las mujeres, cuando son niñas, y puede influir en la forma como luego abordan algunos temas de la vida, entre ellos el deporte. Véanlo aquí de una vez: Dream gap: https://adage.com/creativity/work/mattel-barbie-dream-gap-project/951921

Hay otros videos contundentes que hablan de cómo se juzga y se descalifica a las niñas al hacer diferentes cosas, entre ellas correr, estigmatización que tiene una carga de fondo dura y que frena el potencial de muchas a lo largo de los años. Es entre los 10 y 12 años, en plena pubertad, cuando este tipo de comentarios –llora como una niña, corre como una niña, patea como niña, lanza como niña- afectan a esa chiquita que empieza a perfilar su potencial como mujer. Le bajan la autoestima.

Sin pretender un drama ni caer en exageraciones, creo que es el momento de pensar en lo que le estamos transmitiendo a nuestras niñas y, como mujeres adultas, hacer algo por evitar el sutil matoneo que muchas aceptan al ser entrenadas.

Me refiero a esa cosa medio absurda que a veces les sucede a algunas después de decidir que van a invertirle tiempo, esfuerzo, recursos y pasión a correr: tras superar barreras surgidas del temor, la inseguridad o prejuicios sobre sus capacidades, eligen a un entrenador o entrenadora (que son pocas, tema de debate en el atletismo internacional no solo por las grandes corredoras que hay sino porque la población femenina es la que más crece en el running) que las mal-trata.



Elegir un entrenador es como escoger médico: hay que revisar su formación profesional y preguntar por su atención al paciente. Se trata de un entrenador/entrenadora capaz de tomarse el tiempo para conocernos como runners, que diseñe planes y nos dé las pautas para nuestras necesidades particulares en vez de tomar el atajo de enviarnos un plan general y despersonalizado. Para esa gracia, busquen planes de entrenamiento y videos en las redes.

Como el médico o el sicólogo, el entrenador o la entrenadora son personas en las que uno deposita la total confianza; son un acto de fe, aunque seamos nosotras mismas con nuestro esfuerzo, determinación y gusto quienes realmente hacemos el milagro al cruzar la meta o bajarle al RP.

Por eso, aunque todas esperamos que quien nos entrene sea exigente, no tenemos por qué aguantarnos que nos diga cosas desobligantes como “a ese paso, mejor dedícate a otra cosa”, “si vas a correr así, quédate en tu casa”, “si tu hijo se enferma tanto y no puedes cumplir con todos los entrenamientos, mejor dedícate a la maternidad”, “a tu edad es mejor que lo tomes con calma”, “las Lycras de ahora sí que aguantan”, “¿no has considerado cambiar de deporte?”; o enviar mensajes condescendientes, entre amables y con tonito de pobretear.

Cuando se sientan incómodas o maltratadas con un comentario o consideren que quien las entrena cruzó la línea entre lo profesional y lo personal y no sepan muy bien qué camino tomar, recuerden que lo que necesitamos es un entrenador/entrenadora, no un juez ni una niñera. Al primer mal trato, grito, pesadez, mensaje de doble sentido, chiste por peso, edad o coordinación salgan a correr: el día a día es ya lo suficientemente fuerte y exigente para todas como para que, de ñapa, quien nos entrena sea rudo. Eso se llama maltrato deportivo. Eso es mal trato. Eso es.

Entrenar la autoestima

A nosotras nadie nos está regalando nada ni nos está haciendo el favor, aún menos si estamos pagando por esa asesoría deportiva. Nadie. Si estamos en un grupo de entrenamiento es porque nos interesa, nos gusta, lo podemos hacer y nos esforzamos como cualquiera. El entrenador está para ayudarnos (no para frenarnos), para motivarnos (no para coquetearnos), para darnos confianza (no para ser confianzudo), para guiarnos deportivamente (no para imponernos sus metas), para exigirnos y hacernos sudar (no para hacernos llorar), para disipar temores (no para temerle), para indicaros cómo fortalecer el cuerpo y la mente (no para maltratarnos o debilitarnos).

Es sencillo: busquen un entrenador cuya prioridad no sea lucirse, sino que esté genuinamente interesado en sacar lo mejor de cada uno de sus pupil@s de acuerdo con edad, experiencia deportiva, habilidad, consistencia (física y mental) y capacidad de lucha y resiliencia, entre muchas otras cosas.

No es secreto que ser mujer en el mundo deportivo profesional la mayoría de las veces requiere el doble de esfuerzo, mucho más temple, menos patrocinio y atención, menores sueldos y no tan buenos premios. También es público que soportan un mayor número de abusos y acosos por parte de entrenadores, preparadores y miembros del equipo técnico o directivo. El universo amateur o recreacional no corre con tantas presiones ni pretende una profesión deportiva, lo que no nos resta exigencia personal, pero sí nos da mayor libertad para decidir con quién compartimos este tiempo tan valioso. Corremos y entrenamos por gusto, por pasión, por la íntima necesidad de lograr un espacio propio, una disciplina complementaria, la felicidad a nuestros pies.

Las mujeres tenemos que defender nuestro tiempo y la calidad de interacciones que tenemos en actividades tan gratificantes como el running. A eso le apuntan todas las iniciativas que giran por las redes y que buscan darle a la mujer el lugar que se merece -porque se lo ha ganado en justa lid y con más obstáculos en contra- en el podio deportivo mundial. Esas son las atletas y deportistas que deben inspirarnos a todas en esa larga, exigente y feliz carrera que es la vida.


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BLOGUERA
SOY ADRY GÓMEZ

Mi viaje lo disfruto desde mis pasiones. El diseño, la moda, correr, inspirar, amar, crear, equivocarme, soñar. Valorar lo que soy desde mi diferencia para entender y dar sentido a otros desde la creación de una prenda hasta una marca. Mi vida es una carrera en la que soy libre, enérgica, ligera, en la que me conecto con mi ser y fluyo cómo mi sangre y con ella mi creatividad y mis sueños. Y con los latidos de mi corazón doy vida a nuevas marcas para que juntos lleguemos a la meta. Amo crear y amo correr!!

BLOGUERA
SOY POLY MARTÍNEZ

Tengo ya los suficientes kilómetros en los pies para decir que correr es, ante todo, meditación en movimiento. Soy una corredora común y corriente, periodista y madre de dos. Con los tenis puestos, he logrado llegar a lugares increíbles, conocer ciudades y conquistar montañas. De paso, me ha ayudado a trazar mi propio camino en la vida. Entrenar es lo mío, compartir lo que sé del running y acompañar a otr@s a descubir las delicias de correr. Una maratón al año no hace daño, es mi lema. Mientras tanto, bienvenidas todas las 21k, 15k y 10k posibles.

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