¿Tienes alguna duda?
Obsesión

Qué fue primero… ¿la dieta o correr? ¿La tusa o correr? ¿Tanto trote es cosa de consistencia o imprudencia? ¿Dedicación o adicción? ¿Intensas? ¿Obsesivas? ¿Perfeccionistas y competitivas? ¿Algo por demostrar a alguien? ¿O será el camino para demostrarnos a nosotras mismas que somos tenaces, capaces, valiosas? ¿Dónde trazar la línea entre aquello de #TiempoParaMi y tiempo para la vida con los demás, para descansar, para perder tiempo, para soltar y no exigirnos y no reventar?

Si la vez pasada les hablé de miedos –sigo entrenando juiciosa para la MMB, a ver si espanto mi temor- esta vez les comento algo opuesto, un asunto temerario: la obsesión con el running. Claro, si hablamos con una persona que hace poco o nada de ejercicio, le parece que si entrenamos tres veces a la semana es un exceso. Pero ese no es el parámetro de comparación al que me refiero.

Hablo de aquellas mujeres que, debido a un duelo, a un exceso de estrés, a un asunto profundo de autoestima o al tratar de dejar otro vicio –que puede ser el trabajo, por ejemplo- asumen el correr con desesperación y desenfreno. Empiezan por un evento de la oficina y un reto, por sacudirse un hombre que sobra o por bajar unos kilos de más y terminan atadas a esto de correr. Yo creo que no les pasa igual a los hombres, percepción que la literatura y los entrenadores tienden a respaldar, aunque no solo nos pasa a nosotras.

La adicción a correr

A ver si tienen algún síntoma: madrugan a las 4:00 am para alcanzar a correr antes de sacar a los niños a la ruta, llevarlos hasta el colegio, para llegar a la universidad o estar en una cita antes de las ocho. Acomodan las horas de sueño a correr y no al contrario: mañana tengo que correr 10k, dice la tarea, son las 12 de la noche, menos mal adelanté el informe, entonces si me despierto a las 4:30, salgo a las cinco, a las seis estoy de regreso, los acompaño a desayunar, me arreglo y antes de las ocho estoy en la oficina. O este otro: el sábado… a ver cómo me organizo: si vamos a la fiesta el viernes, eso significa que estaremos de regreso a las dos, si bien me va; entonces puedo dormir hasta las seis, que serían unas cuatro horas y alcanzo a llegar a la pista a entrenar una hora, hago los intervalos y estiro.

Correr es un complemento en la vida, un tempo precioso, disfrute personal. Debe encajar en el rompecabezas cotidiano en vez de ser un obstáculo; no debe convertirse en reemplazo de otras carencias, de otras angustias, de otras tareas por cumplir como si el mundo se fuera a acabar si no se llevan a cabo. No puede ser otra carga de responsabilidad y exigencia de esas que con tanta facilidad nos echamos sobre los hombros las mujeres y de las que después nos quejamos o le echamos en cara a alguien.

A ratos la dedicación es admirable. En otros, una franca estupidez y síntoma de otros aspectos no tan favorables, aunque a su entrenador le resulte “lo mínimo” que debe hacer a pesar de no estar en el equipo Olímpico ni ser élite, para decir la purita verdad.

Deténgase un minutico y piense: ¿en qué otros aspectos es intensa? Un resultado común, me dice una coach de atletismo: “Esa obsesión es el camino más corto a las lesiones, a tener una pésima experiencia corriendo, a un desgaste inútil, así al principio, cuando están estrenándose como corredoras, todo parezca ideal”. Sí, no sentimos chicas Súper Poderosas, pero perdemos todo el poder de regulación, de perspectiva. ¿Por qué? Porque nos sentimos admiradas, reconocidas, “mucha dura correr todo eso”.

Nos sucede a casi todas en algún momento, pero en especial a mujeres exitosas en otros ámbitos que quieren serlo igualmente al correr y no ven ni entienden otra opción, así sean lentas. “Tenemos una capacidad menor de frustración”, dice mi coach amiga. “Muchas empiezan a entrenar para reemplazar un dolor emocional o el rechazo con algo muy bueno, como es el deporte, pero se vuelven obsesivas. Les fue mal en la relación o en un puesto y no quieren que les vaya mal corriendo. Cuando hay un tema emocional, la persona busca algo que la conecte internamente y eso lo logra el deporte. Por ahí arranca la cosa y una vez superada la etapa ya vienen las carreras y empiezan a mejor, a buscar un objetivo para competir y no hay marcha atrás. Adiós a la vida social, al sueño; antes el trabajo era la vida, ahora lo es correr o hacer muchísimo deporte”, cuenta.

Estos son algunos signos de alerta, que vale la pena revisar con calma, con franqueza y hacerse estas preguntas:

  • Motivación: ¿correr le nace, la hace feliz, es un impulso interno u obedece a factores externos como miedo a engordar, para probar que es la mejor y competir, para estar a la par de otros, para mostrar la medalla y chicanear? Quienes ponen su motivación en lo externo tienden a lesionarse más y a disfrutar menos las carreras o las salidas a correr pues siempre andan demostrando a otros o mostrándose ante otros. Buscan más el reconocimiento de terceros que el conocimiento propio.
  • Quién manda a quién: las corredoras apasionadas por el running siempre son las entusiastas de unirse a un grupo, a una carrera, a salir a dar un paseo al trote. Las obsesivas son aquellas que no soportan dejar de lado la tarea de entrenamiento, la cumplen a pie juntillas así estén un poco enfermas, cansadas; las que el día dice “descanso” van y entrenan casi que a escondidas. Esto conduce a lesiones, a fracturas por estrés o sobrecarga y agota mentalmente a la deportista. Es como si no tuvieran alternativas, como si la vida se resolviera allí solamente, cuando la vida siempre ofrece otras alternativas.
  • Primero lo primero: ¿correr es lo primero? Ese es uno de los problemas de quienes inician este camino. El deporte puede ser una prioridad en la vida, pero no debe ser la primera. Hay que tener balance y mirar detenidamente cuáles son las prioridades, cómo estamos interactuando en otros aspectos vitales, como las relaciones interpersonales, actividades diversas, foco en metas intelectuales o profesionales, en todos esos otros temas que nos definen como personas.
  • Identidad: ¿se define ante todo y ante todos como una corredora? ¿Ese es su rasgo distintivo? Bueno… Si es así, pude estar fraguando una obsesión. Nadie es simplemente una cosa, una manera que ser y estar en el mundo. Declararse corredora es tan importante como otros predicados propios donde la vida es mucho más que deporte y el mundo inmediatamente asociado a él. Aquellas personas que estructuran su identidad en torno a correr, tienden a tener bajonazos de autoestima, a sentirse aisladas socialmente si no corren.
  • Triste, cansada y malhumorada... tres factores y una verdad revelada: el ejercicio ayuda a disminuir el estrés, produce endorfinas que dan la sensación de bienestar y satisfacción, pero si cada vez que entrena o corre queda rendida, agotada y como pasmada, entonces hay un problemita: se llama sobreentrenamiento.

Correr debe ser una compuerta a la felicidad, ese pequeño espacio y tiempo atesorado que nos aparta por un momento del trajín cotidiano y nos acerca a nosotras mismas. Visto así, nos lleva lejos pues nos enseña a darle perspectiva a las dificultades, nos fortalece para las carreras y exigencias de la vida; nos enseña a avanzar solas y en equipo. Es así como más lo podemos disfrutar, como nos puede aportar alegrías a lo largo del camino pues el encuentro con uno mismo no puede ser el desencuentro con los demás.

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BLOGUERA
SOY ADRY GÓMEZ

Mi viaje lo disfruto desde mis pasiones. El diseño, la moda, correr, inspirar, amar, crear, equivocarme, soñar. Valorar lo que soy desde mi diferencia para entender y dar sentido a otros desde la creación de una prenda hasta una marca. Mi vida es una carrera en la que soy libre, enérgica, ligera, en la que me conecto con mi ser y fluyo cómo mi sangre y con ella mi creatividad y mis sueños. Y con los latidos de mi corazón doy vida a nuevas marcas para que juntos lleguemos a la meta. Amo crear y amo correr!!

BLOGUERA
SOY POLY MARTÍNEZ

Tengo ya los suficientes kilómetros en los pies para decir que correr es, ante todo, meditación en movimiento. Soy una corredora común y corriente, periodista y madre de dos. Con los tenis puestos, he logrado llegar a lugares increíbles, conocer ciudades y conquistar montañas. De paso, me ha ayudado a trazar mi propio camino en la vida. Entrenar es lo mío, compartir lo que sé del running y acompañar a otr@s a descubir las delicias de correr. Una maratón al año no hace daño, es mi lema. Mientras tanto, bienvenidas todas las 21k, 15k y 10k posibles.

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